El presidente ejecutivo del Consejo Minero, Joaquín Villarino, participó en el reciente encuentro organizado por la Corporación de Bienes de Capital (CBC), donde analizó el escenario actual de la industria, destacó la cifra récord de proyectos en carpeta y abordó los principales cuellos de botella que el país debe superar para aprovechar el ciclo de los minerales.
Durante su intervención, Villarino abordó la preocupación generalizada por la falta de reactivación en la actividad minera. El dirigente explicó que, durante los últimos cinco años, el país estuvo inmerso en una intensa discusión sobre marcos jurídicos que afectan a la industria, incluyendo el royalty minero, el estallido social, la pandemia y dos proyectos constitucionales fallidos. Este escenario de incertidumbre provocó que las inversiones se destinaran principalmente a mantener la producción actual en lugar de desarrollar nuevos proyectos en el sector.
Sin embargo, el presidente del Consejo Minero destacó un cambio de visión durante la segunda mitad del actual gobierno, el cual reconoció que sin la minería el país “pedaleaba un poquito sin cadena”. En este sentido, recordó la importancia estructural de la industria: la minería representa directa e indirectamente cerca de un 20% del PIB, un 10% de la fuerza laboral, un 60% de las exportaciones y un 18% de las inversiones de Chile.
Una cartera de proyectos sin precedentes y el “vía crucis” de los permisos
Mirando lo que denominó “el vaso medio lleno”, Villarino subrayó que nos encontramos en un momento sumamente auspicioso debido a las proyecciones globales. Se espera que la demanda mundial de cobre crezca un 25% en la próxima década, mientras que la demanda de litio aumentaría en un 22%. Para hacer frente a esto, Chile cuenta con una cartera de proyectos de más de 104.000 millones de dólares, la más grande en la historia del país. De este total, 40.000 millones se encuentran actualmente en ejecución y 64.000 millones están en etapa de evaluación. Además, precisó que el 99% de estas inversiones corresponden a proyectos de expansión en yacimientos existentes (brownfield) y solo un 1% a proyectos nuevos (greenfield), siendo el 81% impulsado por el sector privado.
A pesar de este escenario favorable, el líder gremial advirtió que el “nudo crítico” para materializar estas inversiones es la permisología. Poner la primera tonelada de cobre en producción puede tardar casi dos décadas, sumando 17 años en total, de los cuales 140 meses se destinan exclusivamente al trámite de permisos. Aunque valoró las iniciativas legislativas del gobierno orientadas a simplificar la burocracia, enfatizó que es una condición habilitante unificar los criterios técnicos. De esta forma, se busca otorgar certeza jurídica y evitar que distintas autoridades regionales (como las Seremis) tomen decisiones divergentes o contradictorias ante un mismo proyecto.
El futuro: Capital humano, mujeres en minería y proveedores locales
El recambio generacional y la productividad fueron otros de los puntos centrales de la exposición. La minería chilena necesitará incorporar cerca de 37.000 nuevas personas en la próxima década, principalmente para reemplazar a los trabajadores que se jubilan. Este desafío requiere atraer a talentos jóvenes que comprendan y sepan aplicar las nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial.
Asimismo, Villarino aplaudió el histórico avance en materia de equidad de género. La participación femenina en la minería chilena creció de un 7% a un 24% en la última década, convirtiendo a Chile en el primer gran productor de cobre del mundo en alcanzar esta cifra de participación de mujeres, un hito que significa salir de los estereotipos tradicionales del sector.
Finalmente, el ejecutivo hizo un llamado a potenciar el ecosistema de proveedores, compuesto en la actualidad por más de 8.000 empresas que generan alrededor de 550.000 empleos. El objetivo a largo plazo es que este sector adquiera la robustez necesaria para exportar servicios mineros y tecnología al resto del mundo, diversificando la economía más allá de la exportación de minerales.
A modo de conclusión, Joaquín Villarino reafirmó su postura optimista frente al futuro. Aseguró que el mundo demanda más minerales y que Chile tiene los recursos, la cartera de proyectos y está, gradualmente, enfocándose en solucionar los cuellos de botella para aprovechar esta inmejorable oportunidad global.

