Fuente: Poder y liderazgo.
La minería chilena enfrenta un momento decisivo en medio de una demanda global impulsada por la transición energética, la digitalización y la necesidad de minerales críticos. En este escenario, la voz de Carlos Urenda Aldunate, gerente general de Consejo Minero, adquiere especial relevancia para entender las oportunidades y riesgos que enfrenta el país.
En esta entrevista exclusiva para Poderyliderazgo.cl el ejecutivo minero analiza el rol estratégico del cobre en la economía global, y advierte sobre las brechas internas que limitan la capacidad de Chile para responder a este nuevo ciclo.
De profesión abogado, con un Magíster en Derecho de Empresa y un Magíster en Administración de Empresas de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Urenda ha seguido de cerca la evolución del sector en los últimos años. “No estamos solo en una racha de buenos precios, sino frente a una posición de relevancia global sin precedentes en nuestra historia reciente”.
Las proyecciones apuntan a un crecimiento de la demanda de cobre de hasta un 70% al 2050, lo que refuerza el papel de Chile como actor clave en la transición energética y tecnológica.
Sin embargo, ese potencial convive con limitaciones estructurales que condicionan su desarrollo. Pese a contar con una cartera de inversiones superior a US$100 mil millones, la producción chilena se ha mantenido estancada, evidenciando brechas en ejecución de proyectos y productividad.
Demanda global y nuevo ciclo del cobre
¿En qué momento se encuentra la minería chilena en este nuevo contexto global?
La minería es uno de los pocos ámbitos donde Chile es número uno a nivel global. Históricamente, la demanda de cobre estuvo asociada a la industrialización y la urbanización, infraestructura, construcción y manufactura, especialmente en China.
Hoy el gran cambio está en una demanda más diversa, con características propias ligadas a la transición energética, que incluye principalmente todo lo de energías renovables no convencionales, la electromovilidad y últimamente la digitalización, los data center, la inteligencia artificial, el 5G.
¿Ese cambio ha modificado la estructura de los mercados?
Aún no de manera significativa. China sigue concentrando más del 50% de la demanda mundial, seguida por Estados Unidos con un 15%, mientras Japón y Europa mantienen participaciones relevantes.
Los nuevos usos -como transición energética y digitalización- crecerán con fuerza, pero todavía no alteran sustancialmente la estructura de compradores. El cobre de transición energética es hoy de 7% y crecerá un 23% al 2050; en digitalización es 1% y será 7%.
¿Qué magnitud de crecimiento se proyecta para la demanda de cobre, y qué implicancias tiene para países productores como Chile?
Las proyecciones son consistentes en señalar un aumento significativo: en torno a un 50% hacia 2040 y hasta un 70% al 2050. Sin embargo, se trata de un mercado volátil, por lo que los ciclos de precios seguirán siendo marcados. Esto exige prudencia y no se puede invertir ni expandir producción solo en función de precios altos coyunturales. El foco debe estar en proyectos eficientes y sostenibles en el tiempo.
En este escenario de demanda global, Chile tiene poco que ver, pero sí tiene un rol protagónico en la oferta mundial, porque ante este incremento alto y sostenido de la demanda, la oferta se va quedando permanentemente rezagada.
Estancamiento productivo y brechas estructurales
¿Por qué Chile no ha logrado aumentar su producción?
Porque la industria enfrenta un hecho estructural que es el agotamiento de los yacimientos. En los últimos 20 años se han invertido cerca de US$180 mil millones, lo que ha permitido sostener la producción en torno a 5,5 millones de toneladas anuales; sin embargo, aún seguimos produciendo lo mismo.
Sin esas inversiones, la producción habría caído. El desafío ahora no es solo mantenerla, sino crecer.
Considerando ese estancamiento productivo, ¿cuál es hoy la principal decisión estratégica que enfrenta el país?
El gran desafío es aprovechar esta oportunidad que se está dando. Chile se encuentra hoy en un punto de inflexión que trasciende los ciclos económicos habituales.
No estamos solo en una racha de buenos precios, sino frente a una posición de relevancia global sin precedentes en nuestra historia reciente. Para eso, es imprescindible aumentar la producción y ejecutar los proyectos disponibles.
Chile cuenta con una cartera millonaria de inversiones, ¿dónde están las principales brechas?
Uno de las grandes ventajas de Chile es su cartera de proyectos de más de US$100 mil millones para el período 2025-2034. Hay países que no tienen esa cantidad. La aspiración es ejecutarlos lo más rápido posible y para hacerlo surgen una serie de problemáticas, una muy importante es el tema de los permisos.
Existe además una alta concentración de proyectos de cobre -alrededor del 90%-, lo que plantea el desafío de diversificar hacia otros minerales como el litio, que ha avanzado al 5%, pero hay que lograr más.
Predominan los proyectos brownfield (80%), es decir, expansiones de operaciones existentes, lo que facilita su tramitación. Sin embargo, hay menor desarrollo de proyectos greenfield (20%), que son clave para aumentar la producción en el largo plazo.
Además, solo un 40% de la cartera está en ejecución; el resto es probable, posible o potencia, que indica incertidumbre. Solo un 40% de la cartera está en ejecución. Algunos proyectos necesitan más desarrollo, pero otros se retrasan por los permisos.
¿El sistema regulatorio es el principal cuello de botella?
Se requieren procesos más eficientes y predecibles. La ley marco de autorizaciones sectoriales está bien enfocada y va a ayudar mucho, aunque no soluciona todo. No se trata de reducir estándares ambientales, sino de establecer criterios claros, acotar plazos y fortalecer las instituciones.
La tramitación de permisos, incluida la evaluación ambiental, es extensa y compleja. Un proyecto desde que se descubre hasta que opera tarda como 16 años. Un proyecto desde que se descubre hasta que opera tarda como 16 años.
Minería, desarrollo y futuro productivo
Más allá de lo regulatorio, ¿cómo se construye una relación sostenible entre minería, Estado y comunidades?
A través de tres ejes: el royalty, el empleo local y el desarrollo de proveedores. El nuevo esquema de royalty ha permitido una distribución más directa y transparente de recursos hacia las regiones. Esto fortalece la relación entre minería y territorio.
¿Cómo se beneficia la sociedad con estos precios altos?
El impacto va más allá de la recaudación fiscal. Aumentan el empleo, las exportaciones, la inversión y el desarrollo de proveedores. La contribución tributaria es solo una parte del efecto económico más amplio.
¿Cómo impactan el litio, el H2v y la tecnología en el futuro de la minería?
En litio, Chile pasó del segundo al tercer lugar en producción mundial. El litio tiene un enorme potencial, con una demanda que podría triplicarse en la próxima década, pero requiere acelerar su desarrollo. El litio tiene un enorme potencial.
La tecnología, en tanto, ha evolucionado desde mejorar productividad, luego seguridad y sostenibilidad. Ahora hacia transformar el trabajo y los perfiles laborales. La tecnología está transformando el trabajo y los perfiles laborales.
¿Cuál sería decisión estratégica que Chile debería tomar de cara a la próxima década?
Chile ya tomó esa decisión, aunque no de forma explícita. Dos gobiernos consecutivos -los de Sebastián Piñera y Gabriel Boric- impulsaron la Política Nacional Minera 2050 y la estrategia de minerales críticos, reflejando un consenso que el país quiere más minería como motor de desarrollo, aunque no todos lo compartan. La minería es un motor de desarrollo.
En un escenario global cada vez más competitivo, ¿qué está realmente en juego para Chile si no logra avanzar?
La minería es la única palanca que puede llevar a Chile al desarrollo. Pero para lograrlo, debemos actuar con decisión y sentido de urgencia. Esta oportunidad no va a durar para siempre.
Hay muchas naciones compitiendo; incluso Europa está considerando abrir o reabrir minas, porque no es solo un buen negocio, hay un tema geopolítico que asegurar recursos, temas de acceso a mercados y de rupturas de cadenas de valor. Tener acceso a minerales críticos se ha transformado en un factor estratégico global.

