En el marco de una actividad de líderes de la minería organizada por el Foro Económico Mundial (WEF) y la Universidad de Concepción, Joaquín Villarino destacó el cambio de paradigma del sector a nivel global y la necesidad de contar con estabilidad institucional para atraer nuevas inversiones a América Latina.

Con el objetivo de analizar el presente y futuro de la industria minera en la región, el presidente ejecutivo del Consejo Minero, Joaquín Villarino, participó en un destacado encuentro de líderes del sector organizado de manera conjunta por el Foro Económico Mundial y la Universidad de Concepción (UdeC).

Durante su intervención, Villarino reflexionó sobre el rol fundamental de la industria en el contexto actual, partiendo por el vínculo esencial entre la minería y el sector eléctrico. “No cabe ninguna duda de que la energía es el hermano indisoluble que tiene la minería. Sin energía no hay minería, y básicamente necesitamos minería para que haya energía; es un círculo que se cierra en sí mismo”, comenzó señalando.

En esta línea, Villarino destacó cómo ha evolucionado la percepción de la industria a nivel global. Según explicó, el escenario mundial respecto a los minerales es hoy “dramáticamente distinto” al de hace una década. “Este era un sector más bien denostado, era extractivista, donde no daban ganas de trabajar (…) Hoy en día se ha transformado en un discurso compartido y global: un mundo más verde, de mejor calidad de vida y con mayor bienestar, requiere más minerales”, afirmó, valorando los esfuerzos regionales por unificar esta visión.

El desafío de la agregación de valor y la sofisticación del sector

Uno de los ejes centrales de su presentación fue el concepto de agregación de valor. Villarino fue enfático en desmitificar la idea de que la exportación de recursos naturales carece de complejidad.

“El primer esfuerzo de agregación de valor consiste en descubrir un mineral que está oculto y transformar esas rocas desconocidas en flujos anuales de entre 40 y 60 mil millones de dólares. Cuando se dice despectivamente que tenemos que dejar de ser ‘meros exportadores de materias primas’, hay que tener mucho cuidado. Ser exportadores de materias primas requiere un nivel de sofisticación, de agregación de recursos humanos, económicos y financieros, de paciencia y de coordinación que no cualquiera tiene”, recalcó.

Respecto a la posibilidad de instalar industrias manufactureras de bienes tecnológicos en la región (como baterías o teléfonos), el presidente ejecutivo del Consejo Minero advirtió sobre las barreras existentes. Además de la distancia con los grandes mercados de consumo, apuntó directamente a la falta de certeza jurídica.

“América Latina ha sido bastante cortoplacista, cambiante y no ha dado tranquilidad”, indicó, poniendo como ejemplo el caso chileno, que en los últimos 20 años ha enfrentado múltiples reformas tributarias, laborales y medioambientales. “La precondición esencial para que se instalen productores en Chile es que hay que darles estabilidad. No puede haber cambios de reglas del juego sistemáticos; hay que generar sistemas atractivos”, enfatizó.

Capital humano e integración regional

Finalmente, Villarino abordó el potencial de colaboración entre los países de América Latina para fortalecer el ecosistema de proveedores, destacando la oportunidad de generar un trabajo virtuoso con naciones vecinas como Argentina, para lo cual instó a simplificar las regulaciones aduaneras y facilitar el tránsito de personas y mercancías.

Asimismo, relevó la importancia de preparar a los talentos del futuro frente a un mundo que desarrolla tecnologías a una velocidad sin precedentes. “El mundo de la educación no se ha puesto a la altura del mundo del desarrollo de las tecnologías”, advirtió, destacando el trabajo del Consejo de Competencias Mineras (CCM) de Chile como un ejemplo innegable de colaboración y un modelo a seguir tanto para la región como para otros sectores productivos.