El uso de agua de mar continúa consolidándose como una de las principales transformaciones en la gestión hídrica de la gran minería chilena. Así lo destaca un reportaje publicado por La Estrella de Iquique, que aborda cómo la industria ha acelerado la incorporación de este recurso para disminuir su consumo de fuentes continentales, especialmente en regiones con alto estrés hídrico como Tarapacá.
En la publicación, el gerente de Estudios del Consejo Minero, José Tomás Morel, explicó que durante la última década la minería ha impulsado cambios significativos para avanzar hacia un uso más eficiente y sostenible del agua.
“La industria ha ido reduciendo de manera sostenida su dependencia de las fuentes continentales, avanzando en paralelo en tres frentes: mayor recirculación de sus procesos, incorporación de agua de mar y eficiencia en el uso del recurso”, señaló.
Actualmente, Chile cuenta con 11 plantas desaladoras operando para la minería, las que representan cerca del 80% de la capacidad de desalinización instalada en el país. En regiones como Tarapacá, el uso de agua de mar ya alcanza aproximadamente la mitad del consumo total del sector.
Según explicó Morel, la incorporación de agua de mar permite disminuir la presión sobre las fuentes continentales y destinar esos recursos a usos prioritarios para las personas, la agricultura y otros sectores productivos.
“Cuando incorporamos agua desalinizada y aguas tratadas de terceros, junto con aumentar la recirculación del agua de proceso, no solo fortalecemos nuestra propia continuidad operativa, sino que contribuimos a liberar agua continental para otros usos prioritarios, mejorando así la resiliencia hídrica de las regiones con mayor escasez”, indicó.

